29.04.2013
A Berasaluze se le rompe el sueño

Antes de saltar a la cancha, dentro del vestuario del Bizkaia, José Javier Zabaleta preguntó a Pablo Berasaluze: "¿Qué pasa si uno se lesiona?". Desveló después el zaguero. Maldita profecía la del pelotari de Etxarren. Sus palabras pronunciadas en la sala de prensa resonaban tras las lágrimas del berriztarra, que estuvo antes dando la cara ante la prensa y de donde salió ovacionado. Era el epílogo de un libro de terror para el vizcaino, quien se había roto los sueños y el talón de Aquiles del pie izquierdo en el décimo tanto en juego. Un palo enorme. Una canallada para él y para los aficionados. "Cuando he hecho un movimiento, he sentido un chasquido muy fuerte, como si se me hubiera hecho algo. Le he dicho al médico que algo me había roto, que no era normal y cuando hemos entrado dentro me han mirado y estaba claro que había algo", manifestaba Pablo, tocado en la sala de prensa.
Fue cuando el 4-5 reinaba en el luminoso del Bizkaia, tras un inicio de partido excepcional. Juan Martínez de Irujo había entrado en juego lo suficiente para seleccionar las pelotas que podía pegar José Javier Zabaleta, enzarzado en una bella pelea con un Jon Ander Albisu muy potente. Berasaluze empezaba a disfrutar y a moverse a gusto, a enredar. Entonces, se sacó de la chistera una parada al txoko, al segundo bote llegó Irujo, que la devolvió. Arrancó Pablo, corrió y al apoyar el pie izquierdo se lanzó al suelo. Crack. Juan, que estaba a su lado, lo resumió de forma clara: "Al principio decía que se le habían subido las bolas, cuando le he tocado ya me ha dicho que se había roto". Llamaron a las asistencias. La cara de dolor era patente y Pablo se debatía roto entre el dolor y la rabia sobre el tapete del Bizkaia. "Hoy la afición se merecía mucho más y por una lesión no he podido terminar. La verdad que estoy muy triste", comentaba con visibles síntomas de pena en la cara. De hecho, Berasaluze II apenas podía contener las lágrimas. "Cuando Juan ha venido sabía ya que me había roto, ha sido un chasquido muy fuerte y parecía que me habían pegado un pelotazo por detrás o algo. Ha sido una cosa muy rara. Tengo mucha pena", concretó el de Berriz, quien afirmó que "esta afición se merecía mucho más. A ver si nos ponemos bien y no tengo palabras, de verdad". Explotó entonces. La esperanza se había roto. No obstante, tuvo arrojo suficiente el vizcaino para acercarse con muletas para brindar a su afición el haber llegado hasta aquí. El público, en pie, levantó el vuelo y aplaudió sin reservas. Jon Ander Albisu, por su parte, se mostraba triste y serio, muy serio. "Las finales se pueden ganar o perder, pero lo peor de todo es ver a un amigo lesionarse", reflexionó el de Ataun.
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