A un impresionante currículo que incluye un premio Príncipe Felipe a la investigación tecnológica, así como la insignia de oro y la medalla del mismo metal de la ciudad de Vitoria, el alavés Eduardo Anitua suma ahora el de 'Dentista del Año'. Un galardón concedido por la Organización Colegial de Dentistas de España y que reconoce la «labor investigadora» de este profesional que ha situado a Vitoria en el mapa mundial de la ciencia con su implantología oral y maxilofacial y la medicina regenerativa. Atiende a EL CORREO con el bisturí en la mano, entre una operación y otra. Trabajando.
- Felicidades por su enésimo premio. ¿Le queda algún reconocimiento por recibir?
- Gracias. Bueno, en este caso creo que es muy importante que sean mis propios compañeros de profesión los que reconocen mediante este premio el trabajo que se está haciendo en Vitoria en el BTI Biotechnology Institute, así como en la Fundación para la investigación en medicina regenerativa. También valoro mucho que se respete su impacto en el extranjero. Ya se sabe además, que en este país es muy complicado que te reconozcan en tu propio campo (ríe).
- Pero bueno, será merecido.
- Sí, creo que llevamos un centro que se ha convertido en referencia mundial en implantología oral. De hecho, vienen todos los años 1.500 especialistas de todo el mundo con el objetivo de aprender junto a nosotros.
- Junto a Mikel Sánchez, ha puesto Vitoria en el mapa mundial de la investigación médica. ¿Orgulloso?
- Es incuestionable que estamos teniendo repercusión: no puedo ir a la décima parte de los congresos a los que nos invitan. Pero bueno, mi idea y mi sueño era que Vitoria fuera un centro de referencia en implantología oral y en terapia regenerativa y lo estamos consiguiendo. Es más, lo hemos logrado. Pero no hay que parar, hay que seguir.
- Hay que seguir sí, pero en tiempos de recortes... ¿peligran las ayudas a los investigadores?
- La base de la economía es que el país no puede gastar más de lo que tiene. Y, desde luego, si algo no es gasto y sí inversión, eso es la investigación.
- Pero si no hay dinero...
- En todo caso, no hay más remedio que ajustar las velas al viento que sopla. Yo soy tremendamente optimista, y así es como hemos conseguido que nuestras técnicas sean reconocidas. Por ejemplo, nuestra consulta en Vitoria recibe un 60% de pacientes de fuera de la ciudad. Es más, el 15% ya son extranjeros. Con lo que lo que estamos haciendo tiene una repercusión fuera de nuestras fronteras, algo que hemos logrado a base de esfuerzo. Y es que si estos años van a ser difíciles, hay que trabajar. Sí, un poquito más.
- ¿Es la receta, verdad?
- Todos tenemos que ser conscientes de que trabajando 35 horas a la semana es muy difícil sacar un país adelante. Es cierto que la crisis es internacional, pero no es menos verdad que aquí...